I/VI
Sentí que hacía tiempo debía escribirte algo, pero el deber me alejaba de querer hacerlo. Porque no lo quería hacer por obligación, lo quería hacer por deseo, que son cosas diametralmente distintas.
Y como ocurre con todo lo que uno desea hacer, muchas veces, al inicio sobre todo, el contorno está muy difuminado. Es decir, que uno pone en marcha cosas, ideas, en su cabeza, y ahí van cayendo una a una, pero ninguna de ellas me parecía lo suficientemente interesante. No te emociones demasiado, que esto tampoco es realmente interesante, pero sí es obrado.
En este domingo, entre que saqué a pasear a la perra por la playa, volví y me enfadé un poco por la arena que traíamos tanto ella como yo, me puse a ordenar. Ya sabes, esas cosas típicas de la rutina, pero que no suelen ser las del domingo. Lo acompañé con una melodía de jazz muy bonita de fondo. Y allí, en ese vaivén de música y limpieza, apareció otra melodía muy diferente, casi como un torbellino: el deseo de escribirte. ¿Ves? No de escribir como suelo hacerlo, sino el deseo de escribirte a vos.
Pero no te iba a hablar, porque no quería una respuesta, no quería un diálogo contigo. Quería regalarte algo, algo que, naturalmente, cuando uno regala por sorpresa, el otro (por norma general) no espera. Por ende, no responde, al menos no de manera automática. Y eso quería yo con este escrito: que no respondas, porque ahora tenes que encargarte de otras cosas.
No te miento, tuve la loca idea de escribir una carta por cada día de tu tratamiento. Vaya desvarío de mi parte. Yo no puedo hacer este tipo de escritura de manera cronológica; me parece un suicidio para mi propio deseo de escribir. Tanto es así que, por cuestiones universitarias o laborales, escribo todos los días, pero esta manera de escribir no es así, no sigue ese orden.
Por eso, mirando al mar, te digo: no admito respuesta, porque si la encontraras, sería solo tuya.
Ahora a ti te piden que seas fuerte y que te mentalices en no sé qué cosas. Me resulta hasta cómico pedirte a ti más fortaleza. Si no la tienes vos, ¿quién entonces?
En cuanto al dolor, puedo decir que estoy ahí contigo. En cuanto a la fuerza, puedo decir que te sobra. Pero si no te alcanza, te damos el hombro. En cuanto a la "mentalización", no te mentalices en nada, solo hazlo.
A tu lado tienes guía y compañía.
Y, por si se te olvida, en un tiempo muy cercano estaremos sacando algún boleto para ir a ver algo en el Teatro Colón. Porque lo artístico te llama, te gusta y te cautiva. Y es ahí, donde hoy más que nunca, donde debes encontrarte y apoyarte.




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